Nota 26: No eres tu, soy yo

Tenemos que hablar.

No eres tú, es el efecto de tu sonrisa en mí.

No eres tú, son mis celos cuando te veo hablar con otra chica, es ese vacío de imaginar que te pudiese perder.

No eres tú, son mis mariposas, mi respiración acelerada, mis ganas de querer arreglarme y de querer aparentar mi total naturalidad, cuando en realidad me pongo nerviosa al verte.

No eres tú, son mis miedos a perderte algún día, son los recuerdos contigo, son las fotos a tu lado que quedarán congeladas por el resto de la vida.

No eres tú, es mi capricho de no querer verte con nadie más, de querer verte todos los días, son mis ganas de viajar contigo y de no importarme el lugar ni la fecha.

No eres tú, es mi impaciencia de querer vivir contigo nuevas aventuras, nuevos tropiezos, nuevas discusiones,  nuevos atardeceres.

No eres tú, es mi terquedad por ser yo la que te consuele en los malos ratos, de celebrar tus triunfos y aplaudir tus éxitos.

No eres tú, es mi absurda ambición por querer ser yo la que escriba el destino a mi manera y de ponerte a ti ahí a como dé lugar.

No eres tú, son mis velas de cumpleaños, el 11:11 de mi reloj, las uvas del año nuevo, en fin, son mis deseos de estar contigo.

No eres tú, es que en realidad nunca has sido tú, soy yo cuando estoy contigo, son mis ganas de vivir, de comerme al mundo, de buscar impresionarte y de querer acumular recuerdos junto a ti.

Puede sonar cliché pero,  no eres tú, soy yo.

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Nota 25: Óle España

Nunca se está preparado para mudar de vida. Por más maletas que te permita la línea aérea y más kilos de recuerdos intentes meter en ellas, es complicado hacer que toda una vida quepa en ellas y además tener que decidir qué llevar, y aún peor, qué dejar.

Y cuando digo mudar de vida es porque en realidad la mudas, la dejas, como aquellos animales que mudan su piel, como las mariposas que salen del capullo y vuelan lejos de él. Esta es la tercera vez que mudo de vida. Mudo mis fotos, mis recuerdos, mi cultura, mis amigos, mi familia, mudo mi hogar.

No entraré en detalles en el porqué, porque es bastante obvio para todos y no quiero impregnar esta nota de odio, mejor me centraré en el cómo ha sido.

Cuando mudas de vida el destino parece más incierto de lo que ya es, te encuentras sumergido en una duda constante, respiras ansiedad todo el día, porque hasta el aire se transforma en un sinfín de emociones encontradas.  Pero realmente no caes en cuenta hasta que estás dentro del avión y éste comienza a despegar. En ese preciso segundo una bomba de sentimientos explota sin aviso. No hay consuelo para los que hemos mudado la vida. No hay un manual que te diga cómo empezar de cero. No existen pasos a seguir ni tutoriales que vaticinen lo que está por venir en tu nueva vida. Aterrizas, buscas tus dos maletas de 32 kg  de vida cada una y finalmente entiendes que, para bien o para mal, tu vida nunca será igual.

Hace un año exactamente me mudé a Madrid con la misma incertidumbre que las 2 veces anteriores y con los nervios de punta, comencé una nueva vida.

España tiene una cultura contagiosa, que logra que en poco tiempo no solo te adaptes a ella, sino que la sientas como propia. En España se torean los problemas, se le dice ¡Óle! A la vida, se celebra de lunes a lunes y se duerme solo en ocasiones, pues todos los días son viernes. En España, cada esquina es una postal, cada edificio tiene una historia, cada terraza tiene su magia y en cada estación hay un talento. Es un país donde la gastronomía y las tradiciones juegan un papel protagonista en un país de película.

Madrid se ha convertido en mi segundo hogar, en una ciudad que cada día la hago más mía, y ella me hace más suya. Madrid es una ciudad acogedora, llena de gente maravillosa, de calles hermosas, de monumentos alucinantes y de una vibra indescriptible. Basta con caminar por Gran Vía, sentarse en el Retiro o ver un atardecer en el Templo de Debod para reafirmar que ha sido la mejor opción para un segundo hogar que pude haber encontrado.

Nunca se está preparado para mudar de vida. Pero hay cambios que merecen ser celebrados.

¡ÓLE ESPAÑA!

Gracias por dejarnos hacer un nuevo nido en tus tierras y por dejarnos abrir nuestras alas para poder seguir volando alto.

 

Nota 24: Escape

Te propongo algo, y quizás sea un poco precipitado, pero es que ¡ya no contengo las ganas!

¡Escapemos!

Escapémonos un rato de la realidad. Escapemos y vayamos lejos de esta monótona cotidianidad, de esta peligrosa zona de confort de la que somos esclavos. Seamos diferentes, únicos, novedosos. Creemos cosas nuevas, reinventemos los sueños y divulguemos en silencio nuestros más absurdos pensamientos. Somos libres y aún así estamos presos. Presos de nosotros mismos, cortándonos las alas y atándonos los pies en la tierra.

Es nuestro derecho escapar, o bueno es más bien nuestro deber. Sé que suena absurdo, pero de ello depende nuestra vida. Ya soñar no me basta, ya despertar tampoco. El mañana está a la vuelta de la esquina y cada minuto cuenta.

Vamos a escaparnos, arriesguémonos a hacer lo que no muchos se han atrevido. Escuchemos a nuestros dones, veamos muy de cerca nuestras metas, olfateemos nuestros instintos y saboreemos el éxito.

Acompáñame a crear así como tú me creaste a mí. Sé que solo soy una simple idea, pero llevo mucho tiempo rondando en tu cabeza, tratando de hacerme más tentadora y haciéndote ver el éxito que podemos tener juntos, pero tu bendito prejuicio y  procrastinación me están reprimiendo, me desgastan  con cada día que pasa. Tengo miedo de tener que mudarme, de que si en poco tiempo no escapamos juntos, tendré que dejarte ir y escapar con alguien más que quiera arriesgarse conmigo, pues yo no soy más que una semilla que necesita un terreno fértil para florecer.

Además la famosa “suerte” a la que atribuimos muchos éxitos, no es más que una persona con agallas suficientes para seguir sus ideas y hacer realidad sus sueños de atreverse a escapar del conformismo, dibujando con sus propios pinceles su línea de metas.

Así que te pido nuevamente que escapemos, que si nos dejamos vencer por nuestros temores al fracaso, habremos perdido la guerra sin haberla comenzado. Me perderás a mí y te perderás a ti también.

Escapemos juntos, o tendré que escapar yo sola.

-Le susurró una idea a su autor-

 

Nota 23: Tú y yo

Desde que te vi me encantó como lucía tu cerebro en ese cuerpo tan sencillamente común.

Me enamoró la manera en que llenabas de música el ambiente cada vez que teníamos una conversación absurda y  cómo me sonreías incluso sin tener intenciones de hacerte reír.

Me encantaba como siempre ibas vestida de sueños y tus metas cubrían sutilmente cada centímetro de tu piel. Tus ojos reflejaban sabiduría e inocencia a la vez, pero tu mirada iba mucho más allá. Tu mirada podía quemar océanos enteros.

Amaba cuando te amabas. Cuando no te importaba en lo absoluto lo que dijeran de ti. Cuando eras tú. Muy tú. Sarcásticamente graciosa, involuntariamente torpe, sublimemente natural.

Me gustaba cuando me veías y sabías que lucías preciosa, cuando comías chocolate sin remordimiento, cuando cantabas a todo pulmón frente a mí sin ninguna pizca de talento,  en fin… cuando tenías ojos solo para ti.

De un tiempo para acá, te he visto más seguido. Y curiosamente estoy preocupado. Te veo llorar más a menudo, luces inconforme, insegura. Te noto demacrada, ya no bailas, ya no comes, ya no sueñas…creo que incluso ya ni duermes. Has ido perdiendo tus curvas y hasta noto como tu cerebro también las ha ido perdiendo paralelamente.

Te veo todo el día pegada al teléfono, sumergida en los sueños de los demás, atrapada en un mundo falso, queriendo pertenecer a la sociedad como si alguna vez te hubiesen despedido de ella. Te veo restringirte de lo que más te gustaba: la pizza, los helados, la vida, etc. y es que ese etcétera es más peligroso de lo que parece. Ya no me sonríes, ni me haces esas muecas tuyas que me hacían reír.

Ahora que te veo más seguido, he podido notar que ya ni te gusto, creo que hasta te doy pena. Te preocupa mucho cómo te ves y creo que por más hermosa que te veas, nunca estás conforme.

Si supieras lo bonito que te luce ser tu misma, no quisieras ser nadie más. Si supieras tan solo que el disfraz de “alguien más” te queda muy pequeño y que en tu insólita misión de querer transformarte, te estás perdiendo a ti misma y a mí también.

Es irónico, pero siendo yo tu reflejo, quisiera no verte tan seguido, o al menos no con ganas de ser otra persona. Me gustaría volver a verte con una sonrisa tan sincera que el universo entero quiera imitarte y con una seguridad tan poderosa que hasta el destino decida dejar de ser tan incierto.

 

Nota 22: Olvido

Desde que te olvidé, no he parado de recordarte.

Y cada vez que te recuerdo, se me olvida por qué teníamos que olvidarnos.

Total, el olvido no es más que un recuerdo con fecha de caducidad, y ambos sabemos que esas fechas nunca son ciertas. ¿O sí?

El hecho es que tratando de olvidarte, tus recuerdos me atacan de vez en cuando. Y digo los tuyos, porque ya yo decidí que te iba a olvidar ¿recuerdas?

Te pedí espacio. Y ahí estoy ahora. Sin gravedad. Flotando en el medio de la nada. En el medio del todo. Entre el recuerdo y el olvido. En una galaxia a la que no pertenezco. Lejos de casa, lejos de mí.

Si recordar es vivir, yo estoy comenzando a morir. Me estoy obligando a eliminar el verbo “fuimos” o al menos de arrancarle su plural. Eliminar las pruebas del crimen que ambos cometimos al querernos y que ambos firmamos con un “nunca me olvides” guardadas en ese viejo álbum. Ambos pensamos que al menos duraría un poco más.

Recuerdo…, digo, olvido ¿por qué alguna vez creímos en el “para siempre”?, si los “para siempre” siempre duran tan poco.

Poco a poco estoy encontrando la manera de que ya no me afecte la fuga de tus recuerdos. De dejarte ir para que ya no seas prisionero de mi mente. De desvanecer hasta el último instante en el que me robaste una sonrisa y que no me la devolviste hasta ahora… que te la pido de vuelta.

Por fin te dejaré de recordar. ¡Uff! Qué alivio. Que paz. Ahora eres libre tú también de olvidarme. No es justo que solo sea yo quien te olvide. Ahora puedes ser feliz. Puedes buscar a otra persona que te haga feliz. Te doy permiso de que dejes tu mente en blanco como yo lo he venido haciendo y la llenes de nuevos recuerdos y nuevos olvidos. Aprovecha ahora que puedes.

Los míos solo serán olvidos.

Recuerda, así es el Alzheimer.

Y aunque nos prometimos ser eternos, no nos dimos cuenta que la eternidad nunca dependió de dos simples mortales.

 

Nota 21: Karma

 

Nos conocimos por casualidad. Y es que ella era de esas personas que, a ver… como explicarlo,  de esas personas que conoces y sabes que tenías que conocer por alguna razón, que estaba escrito en la historia de tu vida, que de alguna manera, el autor de tu biografía lo había tatuado en el papel como un encuentro fortuito que debía efectuarse. Cuando conoces a este tipo de personas, es inevitable sentir un escalofrío de deja vú. Y es que esta chica era en sí un deja vú, solo que su nombre era Karma.

Era una chica muy simpática, amable y dulce pero solo con aquellas personas que también lo eran con ella. Karma era de esas chicas que le encantaba una sonrisa y que te la devolvía como si quisiera competir por quien tenía la sonrisa mas grande… o mas sincera quizás. Pero eso sí, Karma era muy impulsiva y rencorosa. Jamás olvidaba si le hacías daño o si la tratabas mal. Ella de alguna u otra forma, siempre hallaba la manera de vengarse y lo hacía sin ningún tipo de remordimientos. A veces era tan impulsiva, que su venganza se sobrepasaba y en ocasiones terminaba arrepintiéndose y trataba de compensarlo con regalos y sonrisas.

Era una chica preciosa y muy joven, pero su mirada reflejaba sabiduría como si hubiese vivido más vidas y era una extraña dualidad que me hacía preguntarle todo el tiempo su edad, a lo que siempre me respondía: ”¡Ay eso no se pregunta!” y se reía con picardía.

Pero Karma siempre quiso ser abogado y la verdad es que se le daba bien lo de la justicia. Su carácter dominante hacía que me la imaginara siendo juez algún día y dictando sentencias fuertes sin ningún tipo de escrúpulos. Era curioso conocer a alguien que a pesar de ser tan dulce, fuera a la vez tan fría a la hora de tomar decisiones. Ella era como un eclipse, la perfecta mezcla de luz y oscuridad, era un Ying Yang, o blanco o negro, los matices grises no existían en su paleta de colores.

Esta chica era tan peculiar y misteriosa que a pesar de lo bien que la conocía, nunca supe donde vivía. Y es que cada cierto tiempo desaparecía y volvía a aparecer de pronto o muy feliz o extremadamente molesta, dispuesta a pelear con todo el mundo.  Es que como te dije, Karma era una extremista, una exagerada de primeras, por no decir bipolar. Lo curioso es que las veces que la veía, coincidían con momentos de mi vida también extremos, o cosas muy buenas me estaban sucediendo o cosas terribles. En las buenas, Karma era la primera en saltar abrazarme y honestamente creo que se alegraba por mí de forma genuina, era increíble la paz que sentía cuando me felicitaba, sentía que nada podía salir mal. Pero en las malas también aparecía clandestinamente y es que la desgraciada en esos momentos, en lugar de animarme, se ponía moralista y me comenzaba a recriminar los errores que cometía y a darme lecciones de vida cual psicólogo ¡Vaya loca que era!

Aunque ser psicólogo también se le daba bien, debo admitirlo. Pero cómo me molestaba que tratara de aconsejarme cuando ella misma cometía errores muchas veces por impulsiva. “A ver sabelotodo, ¿por qué no puedo salir con Alex?, que esté casado no impide que podamos querernos”, le dije una vez. Y ella con esa bendita frase de “Todo en esta vida se devuelve” me contestaba siempre con tono de lección. Es que ¡Dios! nunca me apoyaba como mis otras amigas. Pero casi siempre la condenada tenía razón.

Karma… ella era de las amigas más hippies que tenía, se iba muy seguido a ayudar a fundaciones con una pasión increíble y cómo le encantaba que donara de vez en cuando un porcentaje de mi salario a los niños pobres.

Ay Karma… ¡mi fiel compañera! Qué bien la pasaba con ella cuando estaba de buen humor, pero que desgraciada era cuando me portaba mal.

Y no hablo en pasado porque ella haya muerto, o desaparecido ¡para nada!

La que ha muerto soy yo.

Y todo por tratar de perseguir al amor de mi vida. Alex… ya sabes, mi amor prohibido, del que ella estaba en contra. ¡Karma no me entendía! Solo yo sabía que moría por estar con él y además él sentía lo mismo por mí. Solo que su esposa no quería el divorcio. ¡Todo era su culpa! Ella tenía que desaparecer de nuestra ecuación. Y la desaparecí.

La última vez que vi a Karma, fue cuando iba decidida a matar a la novia de Alex. Karma estaba al otro lado de la calle, me miró fijamente con sus ojos de anciana sabia y bajó la mirada. No me dijo nada.

Y su silencio fue lo último que pude oir.

 

Nota 20: A-M-O-R

Luego de una noche de comas, se levantó Consonante con un dolor de cabeza que se acentuaba cada vez más a medida que abría los ojos. Había sido una noche negrilla y un poco cursiva, por lo que a duras penas decidió ir por un café que le corrigiera la ortografía que estaba sintiendo. El día estaba claro y brillante, los asteriscos corrían en los parques, las comillas cantaban en los arboles y se sentía el fresco olor a tinta que impregnaba la ciudad de Las Hojas. Camino a la cafetería, Consonante escuchó una voz melodiosa que hablaba por teléfono y sintió escalofríos al darse cuenta que le recordaba a su raíz: Latín, que junto a su padre, el Griego, le habían enseñado toda la gramática que sabía hasta ahora. La dulce voz de Vocal y sus pronunciadas curvas lo flecharon al instante. Sabía que era el amor de su vida y que no podía perderla. Se armó de valor y a pesar del miedo que tenía de quedar con puntos suspensivos, hizo lo que jamás se había atrevido a hacer con nadie más. Se le acercó y le habló, sin guiones, sin sangría, sin paréntesis, le dijo directamente lo que opinaba de ella y así fue como comenzó esta bonita historia literaria.
Cuando Vocal y Consonante estaban juntos, hacían la mejor palabra del mundo. Sus sílabas aumentaban cada vez que compartían letras. Cada vez que hacían el amor, se convertían ambos en mayúsculas.  Sus textos se convertían en poesías, las oraciones que formaban terminaban siendo canciones y por más veces discutieran y sus caracteres se acentuaran, nunca eran lo suficientemente graves o agudos como para separarse o ponerle punto final a este amor.
El objetivo directo de ambos era que su palabra no perdiera significado con el tiempo, que por más años que pasaran, la sutileza de su poesía se mantuviera intacta. Que la ortografía que compartían fuera siempre lo más correcta posible. Al fin y al cabo casi siempre compartían más sinónimos que antónimos.
Sin embargo, a medida que fueron pasando los años los errores entre ellos aumentaban, se empezó a perder la buena gramática, ya daba igual si Consonante se escribía sola, pues todos de alguna manera entendían su significado por mas abreviado que fuera sin Vocal.
La ortografía entre Vocal y Consonante se ha ido perdiendo, pero cada vez que ellos se unen correctamente, abunda la armonía en los escritos, en las cartas, en canciones y poemas. Es por eso que A-M-O-R es la unión perfecta entre ambos. Escribir bien hace que este amor dure y permanezca tal y como ese primer verso que se dieron.
Sobran las palabras cuando Consonante y Vocal están juntos, por lo que tratar de separarlos o abreviarlos, sería un grave error.
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